A 38 años de Suffer, de Bad Religion

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El 8 de septiembre de 1988, Bad Religion publicó Suffer, el tercer disco de Bad Religion, que terminó convirtiéndose en uno de los trabajos fundamentales del hardcore melódico y el punk californiano. La propia banda registra esa fecha como el lanzamiento oficial del álbum a través de Epitaph Records. Con sus apenas 26 minutos de duración, Suffer condensó una propuesta que se convertiría en una de las marcas distintivas del grupo.

Suffer llegó después de un período particularmente extraño en la historia del grupo. Tras How Could Hell Be Any Worse? (1982), Bad Religion había sorprendido con el controvertido Into the Unknown (1983), un álbum alejado del punk que posteriormente quedó prácticamente fuera de circulación. El regreso encontró a Greg Graffin, Brett Gurewitz y compañía concentrados nuevamente en canciones breves, veloces y cargadas de crítica social. El resultado fue un álbum de 15 canciones que rara vez concede un respiro.

Desde “You Are (The Government)” hasta “Pessimistic Lines”, el disco estableció buena parte de la fórmula que definiría a Bad Religion durante las décadas siguientes: guitarras aceleradas, melodías reconocibles, armonías vocales y letras de fuerte contenido social y político. Canciones como “1000 More Fools”, “How Much Is Enough?”, “Suffer” y “Do What You Want” condensaron esa combinación entre velocidad e inteligencia que diferenciaba al grupo dentro de la escena hardcore de Los Ángeles.

La importancia de Suffer también puede medirse por lo que ocurrió después. Bad Religion encadenó con No Control (1989) y Against the Grain (1990) una de las etapas más influyentes de su carrera, mientras que el crecimiento posterior del punk melódico y del skate punk llevó muchos de aquellos recursos a un público mucho más amplio. El disco se convirtió en una referencia para una nueva generación de bandas, ayudando a consolidar un sonido que posteriormente tendría enorme influencia en el punk estadounidense de los años 90.

A 38 años de su lanzamiento, Suffer conserva además una característica poco frecuente: no necesita ser entendido únicamente como un documento de 1988. Su velocidad, sus canciones cortas y sus estructuras directas siguen funcionando como una síntesis del punk que Bad Religion convirtió en marca propia. No fue simplemente el disco que devolvió a la banda a sus raíces después de Into the Unknown: fue el punto en el que quedó definido el sonido que acompañaría a Bad Religion durante buena parte de su historia.

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