A 22 años de su muerte, la guitarra de Johnny Ramone sigue sonando

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El 15 de septiembre de 2004, Johnny Ramone murió a los 55 años en su casa de Los Ángeles, después de cinco años de luchar contra un cáncer de próstata. Su muerte llegó apenas unos años después de las de Joey Ramone y Dee Dee Ramone, convirtiéndolo en el tercer integrante de la formación original de los Ramones en desaparecer. John Cummings —su verdadero nombre— había sido uno de los fundadores de la banda que, desde Forest Hills, Nueva York, cambió para siempre la velocidad, la actitud y las reglas del rock.

Johnny no era el cantante ni el compositor principal de los Ramones, pero probablemente nadie definió tanto su sonido desde la guitarra. Su instrumento funcionaba casi como una máquina: acordes simples, distorsión, velocidad y una precisión obsesiva, sin solos innecesarios ni demostraciones de virtuosismo. Allí estaba buena parte de la revolución ramonera: hacer que una canción pudiera ser directa sin ser pobre, agresiva sin necesitar complejidad y pegadiza sin perder su espíritu de banda de garaje. Su estilo terminó convirtiéndose en uno de los moldes fundamentales del punk que explotaría pocos años después.

Los Ramones nunca fueron una banda de grandes éxitos comerciales en Estados Unidos: no tuvieron un single Top 40 ni consiguieron un disco de oro durante sus 22 años de carrera. Sin embargo, su influencia fue mucho mayor que sus cifras. Sex Pistols, The Clash, Green Day y una interminable lista de bandas punk encontraron en aquel cuarteto neoyorquino una fórmula que parecía elemental y, justamente por eso, resultaba difícil de superar. En 2002, los Ramones ingresaron al Rock & Roll Hall of Fame, reconocimiento que llegó cuando la historia ya había empezado a confirmar que aquella supuesta música de tres minutos había cambiado la música popular.

Johnny también fue una figura particular dentro del universo Ramones. Tenía fama de disciplinado, controlador y poco dispuesto a negociar cuando se trataba de los intereses de la banda; Arturo Vega, colaborador histórico del grupo, lo describió como alguien que tenía una estrategia y defendía al grupo cuando las cosas se complicaban. Esa personalidad convivía con una imagen política que contrastaba con buena parte de la escena punk: Johnny fue un republicano declarado y admirador de Ronald Reagan, una paradoja que incluso quedó registrada en la historia de los propios Ramones cuando el grupo decidió grabar “Bonzo Goes to Bitburg”, una canción crítica de Reagan pese a la oposición de Johnny.

A 22 años de su muerte, Johnny Ramone sigue siendo menos un personaje del pasado que una presencia permanente cada vez que una guitarra eléctrica arranca con tres acordes y una canción empieza a correr. Los Ramones demostraron que no hacía falta ser virtuoso para cambiar la historia del rock: alcanzaba con encontrar una identidad, tocarla hasta el límite y no detenerse. En este 2026 en el que se cumplen 50 años del debut de los Ramones, su guitarra continúa funcionando como una declaración sencilla y contundente: pocas notas, mucha actitud y nada de tiempo que perder.

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