Manila: rock alternativo y corazones rotos

Publicada en

spot_img

Nacida entre habitaciones adolescentes de Paternal, paredes escritas, grabaciones hechas con el celular y amigos con ganas de hacer ruido, Manila construyó su identidad lejos de cualquier fórmula demasiado prolija. Hubo años de idas y vueltas, pérdidas y reencuentros, hasta que en 2024 la banda volvió a reunirse y encontró su formación actual. Desde entonces, el grupo viene consolidando un universo propio donde el rock alternativo argentino se cruza con el indie, el grunge y el emo, pero también con una sensibilidad heredera de aquellas canciones de los 90 y los 2000 que podían ser al mismo tiempo melódicas, adolescentes, crudas y profundamente emotivas.

Ese recorrido quedó plasmado en Ultramar, el álbum debut editado en 2024 y grabado por Facu Mostri. El disco funciona como un viaje de principio a fin: canciones que se mueven entre el punk, el indie y el ruido, con una sensibilidad que encuentra belleza en lo desprolijo y transforma la vulnerabilidad en potencia. Hay canciones de amor, nostalgia, ternura y ganas de escapar, pero ninguna de esas emociones aparece presentada de manera solemne. En Manila, un sentimiento puede empezar como una melodía íntima y terminar convertido en un grito colectivo, como si la canción fuera apenas el punto de partida para todo aquello que sucede cuando la banda se encuentra con su público.

Ultramar, además, tiene una dimensión emocional que excede lo estrictamente musical. Hacia el final del primer tema aparece la voz de Otto, integrante de Manila que falleció, conservada en un sample que quedó registrado durante la grabación. Su presencia atraviesa el álbum como una huella y convierte al disco también en una forma de preservar una parte de la historia compartida por la banda. En ese sentido, Ultramar no es solamente un debut: es también un registro de vínculos, pérdidas y recuerdos que siguen formando parte del presente de Manila.

El nuevo material de Manila

En 2026, la banda presentó “Cerca de vos”, una reversión libre del clásico de The Carpenters que Manila lleva a un territorio completamente propio. El amor platónico aparece trasladado a la escena local: una disquería en una ciudad ansiosa funcionan como escenario para una canción breve, íntima y al mismo tiempo áspera. El videoclip acompaña esa sensibilidad y refuerza una estética en la que conviven la ternura y la melancolía del tema. Hay algo de Boom Boom Kid en esa decisión de abrazar la ternura y lo espontáneo.

Pero Manila ya está mirando hacia adelante. La banda se encuentra grabando un nuevo EP de cuatro canciones, producido por Dam Jessen, bajista y cantante de la formación, que marca un cambio de dirección respecto de Ultramar. Las nuevas canciones dejan parcialmente atrás las raíces indie del debut para profundizar en el rock alternativo, con una energía más cercana al pop punk de los 90 y a distintas expresiones de la escena emocional local. Es una evolución que no implica abandonar el ADN de Manila, sino llevarlo a un lugar más urgente: melodías para cantar fuerte, distorsión, sensibilidad y ese particular equilibrio entre ternura y quilombo que la banda convirtió en parte de su identidad.

Últimos posts

Te puede interesar