La banda marplatense de hardcore emocional, Las Cosas que Perdimos en el Fuego, lanzó a principios de este año su nuevo EP, Hasta que el mar nos lleve, una obra que transforma duelo y melancolía en una intensa experiencia sonora no superficial que penetra hasta las entrañas. Con la participación de Mariana Enríquez y producido por Gori, la banda se consolida como una de las propuestas más interesantes del revival del emo-core argentino.
Para el que sabe escuchar, el hardcore genera la sensación de ocultar algo más de lo que otorga de inmediato. Como si la combinación de armonías, velocidad, desgarro y ruido emulara un fondo ontológico, una esencia del ser humano, de su crisis existencial per se, que sólo se asoma con la subjetividad al borde del colapso.
La participación de Mariana Enríquez
Quizás ese fondo neurálgico haga que resulte tan atinada la sintonía entre la banda y Mariana Enríquez, escritora de quien el conjunto marplatense tomó su nombre en homenaje a uno de sus libros, y que colabora con un recitado en el tema que titula el EP, el tercero de los cinco.

Un sondio potente no apto para tibios
La propuesta de Las Cosas que Perdimos en el Fuego se inscribe en este revival del emo-core que tiene como otro de sus referentes a Cursino Muere. Un hardcore emocional que recuerda a trabajos como Las Palabras y Los Ríos, de Eterna Inocencia, o a los temas más introspectivos de Shaila y Fun People, aunque subiendo la apuesta en la intensidad de la visceralidad vocal.
17 minutos de hardcore violentamente emocional, muy bien tocado y producido en manos de Gori. Riffs de guitarra memorables y un ambiente lúgubre que genera universo y nos deja con ganas de más.
En el arte de tapa que ilustra el EP, diseñado por el artista visual Amoysenhor, una pata de gallina (o algo así) se superpone al agua del mar en un estilo imprenta black sobre fondo violeta. Como una mano extendida que ha perdido su forma humana y busca desesperadamente alcanzar tierra firme entre el vértigo de las olas. Pero el agua es una extensión de la densidad interior, y nadie está exento de perder el tironeo con la marea.



